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Nutrición para alta producción y rentabilidad en ambientes saludables

Diferentes maneras de encarar las estrategias de manejo de cultivo en función de las variables del ambiente que definen el rendimiento.

Para diseñar un esquema de fertilización es indispensable considerar los limitantes de rinde como son el agua, la fecha de siembra, densidad o el cultivar, entre otras.

Atento a esto, el investigador del Inta Pergamino, Gustavo Ferraris, mostró en el Simposio Fertilidad 2019 realizado en Rosario, Argentina, los últimos datos acerca de las diferentes maneras de encarar las estrategias de manejo de cultivo en función de las variables del ambiente que definen el rendimiento.

El doble cultivo trigo-soja implica una alta exigencia en nutrientes y agua. El tema está en que el requerimiento está en función del rendimiento esperado, mientras para un rendimiento de 4.000kg/ha se requieren 72 kg de nitrógeno por hectárea para un 6500 kg de grano se necesitan 46kg de nitrógeno adicionales, que implican alrededor de 75kg de fertilizante más.

El uso de agua y fertilizante es necesario planificarlo en función de todas las variables. La fertilización a largo plazo en ambientes similares tiene un impacto sobre la calidad, donde muestra mejores indicadores en los planteos con manejos a largo plazo.

En el caso del maíz de segunda sobre trigo es el que muestra una mayor respuesta a la fertilización debido a que el antecesor agota el nitrógeno del suelo. Ferraris explicó que la interacción de nutrición y ambiente mejora la respuesta y hace más predecible al sistema.

La brecha de rinde es superior en maíz temprano o de segunda sobre gramínea. Por otro lado, el azufre y el zinc impactan alto en la construcción del rinde.

Fertilización foliar ¿Por qué? ¿Para qué?

El especialista en fertilización foliar César Quintero disertó acerca de las claves para hacer uso de esta práctica de manera eficiente. Por tal razón buscó responder las preguntas típicas de si se puede nutrir a la planta vía foliar, los momentos de aplicación, los diagnósticos con análisis foliares, y las expectativas de rinde.

Entre las ventajas de la fertilización foliar se encuentran una rápida respuesta a la aplicación, una alta eficiencia en la aplicación, una moderada eficiencia de uso del nutriente, y un bajo riesgo de pérdidas por excesos.

Entre las desventajas se destaca la imposibilidad de aplicar en dosis muy altas, que no se puede cubrir el requerimiento de los macronutrientes y un mayor costo por unidad de nutriente aplicada.

Quintero destacó que el principal objetivo es prevenir deficiencias inmediatas y/o transitorias de nutrientes específicos. Para que la tecnología sea lo más útil posible se debe considerar la movilidad en planta de los nutrientes, el especialista expresó que existen nutrientes inmóviles, de movilidad restringida o intermedia y móviles.

El momento de aplicación se define según el estado del cultivo o del ambiente. En casos como los de suelos con deficiencias específicas de nutrientes, con pH alto, o suelos arenosos donde los nutrientes no pueden ser absorbidos por la planta, es conveniente la aplicación vía foliar. En los picos de demanda de un nutriente especifico como en períodos reproductivos, como floración, llenado de grano o de fruta se encuentran respuestas interesantes. Los frutales caducos, en el momento de floración no cuentan con follaje y la aplicación floral resulta muy efectiva mejorando el cuaje del fruto y el llenado del mismo. Para el desarrollo de frutos como en el caso del tomate, son efectivas las aplicaciones de calcio y boro en el fruto que mejora la calidad comercial.

Otro tema que aún es incipiente, pero muestra buenas respuestas es la biofortificación, que consiste en la aplicación de nutrientes para mejorar algún parámetro para la nutrición de personas o también es muy efectiva para la producción de semillas, como por ejemplo para producción de semillas de trigo o arroz en suelos deficientes en zinc.

Quintero mostró que para el caso de sojas de alto rendimiento, se mostraron respuestas de hasta un 5% de rinde por la aplicación foliar de nitrógeno entre 5kg/ha y 10kg/ha de nutriente, lo cual implica una mayor conversión a grano. En arroz la respuesta que se obtuvo es de 500kg/ha. En maíz se registraron 500kg/ha lo cual implicó un 6% de incremento.

Fuente: El Productor

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Graciela

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