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La quinoa (el grano de oro) vs … la agricultura de precisión

Recorrer los campos de quinoa en el distrito de Cabana (Puno-Perú) a media mañana y con un sol aún medio temeroso de asomarse, luego de una noche de nutrida lluvia; durante las primeras semanas del año, es inevitable no pensar la quinua o quinoa fue el alimento principal de los Incas, y considerado como “el grano de oro”, primordialmente por sus propiedades nutricionales, medicinales y hasta cosméticas.

Algunos investigadores concluyeron que su domesticación data desde hace aproximadamente 5,000 años A.C., lo cierto es que este pseudo cereal tuvo o se le otorgó la debida importancia hasta antes de la “conquista”; posterior a ella, podríamos decir que es hasta hace pocos años atrás que la quinoa viene recobrando su verdadero valor y posicionamiento como un alimento de primera calidad, y ello no solo a nivel local o regional sino también a nivel mundial; es la globalización sin duda la que ha contribuido a ello y también para que ahora muchas regiones/países quieran tenerla; entonces, no puedo evitar preguntarme:

¿En pocos años, nuestros productores podrán ser competitivos en su producción?, considerando que actualmente ya hay muchos otros países que la vienen cultivando.

¿Hoy en día, es suficiente contar con las ventajas naturales que nos brinda nuestro país para el cultivo?

¿Será posible que nuestros productores (mayoritariamente de los andes) tengan o puedan asirse de nuevas herramientas que les permita continuar produciendo con mayor efectividad este grano milenario?

Finalmente, todas estas interrogantes me permiten colocar en la bandeja a la principal de ellas:

¿Podrán los productores de quinoa (mayoritariamente alto andinos) continuar manteniendo su empleo e ir mejorando sus ingresos a partir de esta herencia ancestral o muy pronto serán desplazados de su principal trabajo en este mundo cada vez más competitivo?

Interrogantes que no puedo dejar de plantearlas al saber que en la región Puno (principal productora de la quinua a nivel nacional), tenemos indicadores sociales (62% de los productores tienen educación primaria, 7% de los productores están organizados, 62% de los productores son mayores de 45 años de edad, y tan solo el 9% han recibido o reciben algún tipo de capacitacióni) que no necesariamente podrían acompañar o permitirían a que se realicen cambios para ser más eficientes o competitivos en la producción del “grano de oro”.

A pesar de estas estadísticas, considero que es importante ser optimistas y mirar siempre con buena cara el futuro, no todo es negativo; durante los últimos ocho años la demanda externa de este producto ha tenido un comportamiento siempre en alza, lo cual no necesariamente ha ido acompañado de un adecuado reconocimiento del precio del mismoii.

Empero al parecer el mundo entero continuará demandando cada vez más la quinoa o “el grano de oro” y es el distrito de Cabana uno de los principales productores del mismo a nivel regional y nacional; teniendo como una de sus ventajas competitivas que su producción es orgánica (aspecto que cada vez viene siendo más valorado por los consumidores); sin embargo, la producción orgánica no solo implica el manejo propio del cultivo en el campo, sino que tan importante como ello es también la gestión que debiera de realizar cada productor para que la entidad competente reconozca y certifique su producto como “orgánico”.

Bajo este entender, cada año los productores debieran de además de aplicar buenas prácticas agrícolas, preparar un expediente con no menos de 10 formatos ya definidos para que la empresa certificadora los evalué y pueda otorgarles la correspondiente certificación; situación que está bastante lejos aún de que pueda realizarla cada productor (no solo en las organizaciones de Perú, sino también es una realidad comprobada en el vecino país de Bolivia); por tanto, son los técnicos de campo contratados por las organizaciones (cooperativas o empresas privadas), los que se encargan de preparar dicho expediente que en su gran mayoría de veces y sin temor a equivocarme el productor ignora o no lo comprende en su totalidad.

En todos los aspectos de nuestras vidas vemos y escuchamos cada vez más, como diferentes tipos de tecnologías nos ayudan a “vivir mejor”, en términos generales la tecnología está en diferentes áreas o campos; por tanto, el campo de la agricultura en absoluto es ajeno a ello; es más, hoy en día es más común hablar/escuchar sobre la agricultura de precisión, término agronómico que define la gestión de las parcelas agrícolas sobre la base de la observación, la medida y la actuación frente a la variabilidad inter e intra-cultivo, y requiere un conjunto de tecnologías formado por el sistema de posicionamiento global (GPS), sensores, e imagen tanto satelital como aerotransportada, junto con sistemas de información geográfica (SIG) para estimar, evaluar y entender dichas variaciones; información que puede ser usada para evaluar con mayor precisión diferentes parámetros agronómicos de un determinado cultivo, con el objetivo de optimizar la gestión de una determinada parcela desde el punto de vista agronómico, medioambiental y económico, además de poner a disposición del agricultor información valiosa que puede constituir una memoria real del campo, ayudar a tomar decisiones, contribuir a las necesidades de trazabilidad de los productos, entre otros2.

En nuestro país ya hay numerosas experiencias que se vienen dando, primordialmente en la empresa privada con extensiones considerables de tierras y cultivos que generalmente son de exportación. ¿Con los productores alto andinos, con los indicadores sociales que ahora ya ustedes conocen, en pequeñas áreas y con el cultivo de quinua, será posible aplicar algo de estas tecnologías?, o más bien (creo que la pregunta sería), ¿Los productores serán capaces de usar o adaptarse al uso de nuevas tecnologías que les permita ser más competitivos?

Lo que pienso al respecto de primera instancia es que mientras más tardemos en asirnos a trabajar usando la tecnología actual, más distancia mantendremos de la competitividad y por tanto de poder ofrecer a nuestras familias una mejor calidad de vida; por tanto aquí les iré platicando la experiencia de un pequeño proyecto que pretende contribuir a reducir las posibilidades en contra sobre la pregunta principal que plantee líneas arriba.

¿Cómo contribuimos a optimizar (en tiempo y recursos) el proceso de certificación que realizan cada año los productores?

¿Es posible enriquecer y utilizar la información generada cada campaña productiva para tomar mejores decisiones (técnicas y sociales) en el futuro?

Y si además de mejorar este proceso casi meramente documentario, aprovechamos estos mismos recursos para añadir y/o generar otro tipo de información que nos permita mejorar los niveles de producción del cultivo?; finalmente, se dice que en este siglo, es la información la que se constituirá en el mayor activo, o la que tendrá mayor valor; entonces, porque no vamos iniciando….

Fuente: El Productor

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Graciela

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